Estos días he acompañado a jóvenes del programa The Wings (Asociación The KKIS Proyect) en un proceso de networking con propósito.
Y lo que ha ocurrido va mucho más allá de una formación.
Durante dos sesiones, hemos trabajado algo que a menudo se da por hecho, pero pocas veces se enseña de verdad: cómo relacionarnos desde la confianza, los valores y la capacidad de aportar a otros.
No hemos empezado hablando de contactos.
Hemos empezado hablando de personas.
De quiénes son, qué les mueve, qué pueden ofrecer y qué necesitan.
Poco a poco, lo que al principio era un grupo de estudiantes que compartían un programa… empezó a transformarse.
A través de dinámicas de conversación, escucha y práctica real, comenzaron a descubrir algo importante: tenían mucho más en común de lo que pensaban.
Y también que sus diferencias no les separaban, sino que podían enriquecerles.
Algunos llegaron con nervios, con dudas sobre cómo presentarse o cómo conectar.
Pero al darse permiso para hacerlo desde la naturalidad, algo cambió.
Se escucharon.
Se reconocieron.
Se valoraron.
Y empezaron a aparecer cosas muy interesantes:
ideas compartidas, posibles colaboraciones, ganas de seguir en contacto.
Lo más significativo no fue ninguna herramienta concreta.
Fue el momento en el que dejaron de ser desconocidos…
para empezar a ser red.
Como consecuencia natural de ese proceso, decidieron crear su propio espacio para mantenerse conectados, apoyarse y compartir oportunidades.
Pero el valor no está en ese espacio.
El valor está en que ahora tiene sentido que exista.
Porque hay vínculo.
Porque hay confianza.
Porque hay intención de sostener esa relación en el tiempo.
Networking con propósito en acción
Lo que hemos vivido en estas sesiones es un ejemplo claro de algo que a menudo olvidamos:
El networking no consiste en conocer a más personas.
Consiste en relacionarse mejor.
Cuando un grupo pasa de coincidir a conectarse, algo cambia.
Aparecen nuevas posibilidades.
Se reduce la sensación de aislamiento.
Se fortalece la confianza.
Y, sobre todo, se empieza a construir algo que puede sostenerse en el tiempo.
¿Y si esto también pudiera pasar en tu organización?
Este tipo de procesos no solo son útiles en contextos educativos.
Cada vez más organizaciones, comunidades y equipos necesitan fortalecer sus relaciones internas, mejorar su comunicación y generar entornos de colaboración reales.
Si formas parte de una empresa, asociación o comunidad y te gustaría llevar este tipo de formación a tu equipo, puedes escribirme.
Estaré encantada de acompañaros en la creación de redes más humanas, conscientes y sostenibles.
Rosalie Orens.
Conectora de imprescindibles por un mundo más amable.


