Hay entrevistas que sirven para conocer lo que una persona hace.
Y hay otras que permiten descubrir quién está siendo esa persona.
La conversación con Alberto Fernández Parrón fue de las segundas.
Cuando comenzó la entrevista le hice la pregunta con la que siempre abro este espacio:
«¿Quién eres hoy?»
Su respuesta fue tan inesperada como honesta.
«No sé quién soy. Eso quizá lo sabré el último día de mi vida. Pero sí sé lo que siento.»
Y, sin darnos cuenta, esa frase marcó el rumbo de toda la conversación.
Del hacer al sentir
Durante muchos años, Alberto construyó una sólida carrera profesional en el mundo de la comunicación. Estrategia, resultados, dirección, impacto.
Pero la vida tenía preparado otro aprendizaje.
El nacimiento de su hijo Sergio cambió por completo su forma de entender el mundo.
No fue solo descubrir el autismo.
Fue descubrirse a sí mismo.
Comprendió que la comunicación no podía seguir siendo únicamente una cuestión de técnicas, palabras o estrategias. Había algo mucho más profundo.
Había que volver a sentir.
«Mi hijo me enseñó a parar y a ver el mundo desde otro lugar.»
Y, quizá por primera vez, comenzó un viaje hacia dentro.
Meditación.
Silencio.
Curiosidad.
Personas que aparecieron en su camino para ayudarle a comprender talentos que siempre habían estado ahí, pero que él mismo había mantenido ocultos durante años.
Porque a veces la mayor transformación no consiste en convertirnos en alguien diferente.
Consiste en recordar quiénes éramos antes de empezar a escondernos.
Cuando comunicar deja de ser una técnica
Uno de los momentos que más me emocionó fue cuando Alberto explicó cómo había cambiado su forma de entender la comunicación.
Vivimos convencidos de que comunicar consiste en elegir bien las palabras.
En hablar mejor.
En aprender técnicas.
Él hoy lo ve de otra manera.
Cuando una persona conoce su propósito y aprende a escucharse, la comunicación deja de ser un ejercicio mental.
Se convierte en una consecuencia natural de quién es.
La voz deja de intentar convencer.
Empieza simplemente a expresar.
Y ahí ocurre algo extraordinario.
Ya no comunicas desde el personaje.
Comunicas desde la verdad.
Respira Universo: cuando el cuerpo sabe antes que la mente
Hay proyectos que nacen después de meses de planificación.
Respira Universo nació de madrugada.
Alberto recuerda perfectamente aquella noche.
Se despertó sobresaltado.
Sintió una fuerza difícil de explicar que lo llevó directamente al ordenador.
No pensó.
No analizó.
Simplemente comenzó a grabar.
Aquellas primeras meditaciones no nacieron para crear un negocio.
Ni siquiera para conseguir seguidores.
Nacieron porque él mismo necesitaba escucharse.
Después llegaron miles de personas.
Pero el origen nunca fue el reconocimiento.
Fue la autenticidad.
Y quizá esa sea precisamente la razón por la que tantas personas conectan hoy con su voz.
Lucila: una obra creada para compartirse
Durante la entrevista hablamos también de Lucila, el musical del alma.
Confieso que esperaba encontrarme con un nuevo proyecto artístico.
Pero descubrí algo muy distinto.
Lucila no nace para entretener.
Nace para acompañar.
Alberto la define como un «audio musical», un formato que une narración y música para provocar una experiencia emocional.
No está construido únicamente con imaginación.
También con fragmentos reales de las historias de muchas personas que han pasado por Respira Universo.
Por eso insiste en una idea que me pareció preciosa.
Lucila no está hecha para consumirse.
Está hecha para compartirse.
Como una cadena de favores.
Como una conversación que merece seguir viajando de persona en persona.
Un lugar donde quitarse la máscara
Hubo otra respuesta que me conmovió especialmente.
Cuando le pregunté qué significaba para él formar parte del Networking SÍ, no habló de oportunidades, contactos ni colaboraciones.
Habló de permiso.
«Es el lugar donde me doy permiso.»
Permiso para mostrarse vulnerable.
Para no tener todas las respuestas.
Para hablar incluso cuando las palabras no salen.
Quizá eso sea, en el fondo, una comunidad.
Un lugar donde dejamos de interpretar un papel y podemos simplemente ser.
La comunicación como herramienta para cambiar el mundo
Alberto sostiene una frase que ya forma parte de su vida:
«La comunicación es la mejor herramienta para cambiar el mundo.»
Después de escucharle durante casi una hora, comprendí que esa afirmación va mucho más allá de la comunicación.
En realidad habla del modo en que decidimos vivir.
Porque comunicar no consiste solo en hablar.
Consiste en mirar.
En escuchar.
En comprender.
En crear espacios donde otras personas también puedan volver a sentir.
Y quizá esa sea la verdadera transformación.
No aprender a comunicar mejor.
Sino aprender a vivir desde un lugar mucho más auténtico.
💙 La huella que permanece
Las Entrevistas SÍ nacen para descubrir la huella que cada persona deja en el mundo.
Porque detrás de cada proyecto hay una historia.
Detrás de cada historia, una transformación.
Y detrás de cada transformación, una persona que un día decidió compartir lo que había aprendido.
Creemos que cada persona es imprescindible, no por lo que consigue, sino por aquello único que solo ella puede aportar.
Gracias por seguir construyendo, paso a paso, un mundo más amable.
Puedes ver la entrevista aquí.


